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sábado, 26 de septiembre de 2009

Fiestas del Padre Serra

Estatua del Padre Junípero Serra

Bailarines de Petra

Bailarines

Los gigantes de Petra

Entrada de la casa donde nació Fray Junípero Serra

Interior de la casa natal de Fray Juníper

Interior de la casa de Fray Juníper Serra

"Forn de lenya" en el jardín de la casa de Fray Juníper




El Padre Junípero Serra nació en Petra (Mallorca ) en 1713, motivo por el cual los petreros están muy orgullosos de él, y tanto es así, que en la mayoría de las casas, a la entrada principal, han colgado muchos de ellos una piedra rectangular con una imagen del fraile.
Repaso breve de su vida:
Comenzó a estudiar el el Convento franciscano de San Bernardino de Petra y después se trasladó a Palma donde realizó estudios superiores en el colegio de San Francisco. Allí acepta los votos religiosos en 1731. Más adelante ocupa la cátedra de Teología Escotista en la famosa Universidad Luliana de Palma de Mallorca.
En 1749 se embarca para Nueva España (nombre colonial de México) con un grupo de franciscanos españoles donde comienza su vida como misionero en América.
Junipero Serra, junto con los otros franciscanos españoles, fue el fundador de una cadena de 21 misiones en California que más tarde devinieron en cuidades con nombres españoles como San Francisco, San José , San Diego...
Es el único español que tiene estatua en National Statuary Hall situado en el Capitolio.

Fue beatificado en 1988 por Juan Pablo II.

En Petra, cada año en Septiembre, se celebra una fiesta en su honor con procesiones, baile de bot, cena de vecinos " en es carrer a la fresca"( en la calle al fresco) y una ofrenda floral ante la estatua del fraile situada en la plaza que lleva su nombre, Plaza del Padre Serra.

lunes, 16 de marzo de 2009

Don Joan Miró

(The World Trade Center Tapestry, obra que quedó destruida en los atentados del 11 de Septiembre 2001)



Miró es uno de esos artistas de obra y vida tan extensas que para acercarme a él, con los honores que se merece, necesitaría hacer un estudio profundo del surrealismo, del abstracto, y de la multitud de técnicas que utilizó, pasando por el collage, sin olvidar las cerámicas, ni los tapices... necesitaría seguir sus pasos uno a uno, sin saltarme ninguna etapa de su vida, sin excluir ninguna de sus obras, tratando de averiguar lo que representaron para él.
Hacer justicia a un artista como este, y como los que invoco desde esta página, es una pretensión inalcanzable para mí.

En un intento que raya casi en lo sacrílego, quiero atraerle hoy hasta mi página, cargada de ese amor al arte con mayúsculas que profeso, y cargada de ese amor a todo lo mediterráneo.
Una copa de cava catalán para ayudarme en estos trances...va por ti, Miró. Salut i força, genio del color y de lo abstracto y perdona mis torpes intenciones.





Son Abrines, junto a Cala Major (Palma), fue la residencia definitiva de Joan Miró i Ferrà (Barcelona, 1893 - Palma, 1983) desde el año 1956 hasta su muerte. El artista y su esposa, Pilar Juncosa i Iglesias (Palma, 1904-1995), llegaron a Mallorca huyendo de la entrada de las tropas alemanas en París. Miró, hijo de catalán y mallorquina, veraneaba en la isla desde su infancia y es aquí donde hizo realidad su sueño de tener una casa y un taller para trabajar con tranquilidad y libertad.
El arquitecto Josep Lluís Sert, amigo del artista, proyectó lo que se conoce como el Taller Sert. Aquí fue donde Miró, en plena madurez artística, produjo telas de grandes dimensiones, como las dedicadas a sus nietos, el tríptico "Bleu, I, II, III", o el mural que hoy se encuentra expuesto en el Museum of Modern Art de Nueva York. La visita al Taller Sert permite introducirse en el mundo creativo del artista, formado por telas, pinturas, pinceles y otros objetos que coleccionaba.
(Estudio de Miró en Mallorca)
En 1959 Joan Miró compró, gracias al premio que recibió del Museu Guggenheim de Nueva York, la posesión de Son Boter, contigua a Son Abrines, donde instaló un taller de grabado y dejó numerosos grafitis estampados por las paredes.
La Fundación Pilar y Joan Miró en Mallorca es fruto de la última voluntad de Joan Miró. Se constituyó en 1981, cuando el artista y su esposa donaron al Ayuntamiento de Palma los talleres y su contenido, formado principalmente por pinturas, collages, obra gráfica, esculturas y bocetos.
El edificio Moneo, proyectado por el arquitecto Rafael Moneo, fue inaugurado en 1992 con el objetivo de acoger la sede de la Fundación, exponer de forma rotatoria una selección de pinturas, dibujos, obra gráfica y esculturas de Miró y acoger muestras temporales dedicadas principalmente a los jóvenes artistas.

(texto extraído de mallorcaweb.com)
(Palacio de Congresos y Exposiciones, Madrid)

miércoles, 4 de marzo de 2009

Chopin en Mallorca








El aire se insinúa con olor a limón y naranjo, las nubes viajan rápidas e hinchadas en un azul resplandeciente, y van cubriendo, poco a poco, el azul con su presencia. El viento silba furioso buscando rendijas por las que colarse, húmedo de brumas marinas. Avanzan la tarde, las sombras, la llovizna. Dentro del noble edificio, la presencia intangible de los monjes cartujanos se hace sentir. Los pasillos de techo abovedado devuelven el sonido sordo de pisadas pasadas. Las celdas son de gruesos portones de madera y amplio agujero de cerradura para el llavón, tras el que acecha un ojo indiscreto, inquisidor.

Pronta es la caída de la noche invernal, oscura, fría, silenciosa, y en ese silencio se extienden las notas del piano de Chopin, amortiguadas por los anchos muros de arenisca.

El moho trepa tenaz e imperceptible por las paredes, la enredadera del jardín se asoma a la ventana; tras la enredadera, la niebla cae húmeda y espesa sobre Valldemossa. Más allá del monasterio, el pueblo de casitas de piedra, impregnadas de esa niebla oscura que se ha adueñado del paisaje, que se ha tragado todo el valle. Los payeses, junto a la hoguera de sus chimeneas, comparten sus recelos hacia los extraños visitantes y alimentan sus leyendas.




En el invierno de 1838, llegaron a Mallorca el compositor Frédéric Chopin y la escritora Amandine Aurore Lucile Dupin, George Sand, acompañados de los dos hijos de esta. Los motivos del tortuoso viaje fueron debidos a las recomdendaciones del médico del compositor, que les aconsejó el clima de la isla para ayudar a recuperar la frágil salud de Chopin. Por aquel entonces la ciudad de Palma apenas disponía de alojamientos para visitantes, el turismo era prácticamente inexistente, y el compositor y sus acompañantes se alojaron en Son Vent(Establiments), una casa de campo a las afueras de Ciutat. Pocos días después fueron expulsados de la finca, debido a que el dueño de la "possessió" intuyó que el mal que aquejaba a Chopin tenía un temible nombre, tuberculosis.

El 15 de diciembre se instalaron en la Real Cartuja de Valldemossa, un pueblo situado en la hermosa Sierra de Tramontana, donde permanecieron hasta el 12 de Febrero de un invierno crudo y lluvioso mallorquín. El rechazo de los habitantes hacia ellos ha quedado reflejado en la obra de George Sand, "Un Invierno en Mallorca" donde la escritora "que vestía como un hombre" describe el paisaje que les acoje como uno de los más maravillosos que jamás había visto.
La salud de Chopin se resintió entre los antiguos muros del monasterio. Aún así, y a pesar de su delicado estado de salud y sus ataques febriles, no dejó de componer en su piano, un Pleyel que se hizo traer contra viento y marea y que aún se exhibe hoy en la celda nº 4 de la Cartuja de Valldemossa, un pueblo donde hoy se venera al artista.


"Todo cuanto puedan soñar el pintor o el poeta lo ha creado la naturaleza en este lugar". George Sand.

sábado, 21 de febrero de 2009

Unamuno en Mallorca




También pasó por la isla y por Valldemossa don Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864-Salamanca ,1936). En su obra "Andanzas y visiones españolas" describe el autor sus viajes por tierras españolas, sin escatimar en ingenio y en vocabulario; como un auténtico maestro de la literatura que fue, nos cuenta lo que sus ojos ven y cómo lo siente. Ese viaje a la isla de Mallorca, en 1916, Unamuno lo describe así:
"Apenas terminadas las tareas del curso, me vine a esta bendita tierra de Mallorca-una de las pocas de España que no conocía- a descansar un poco." Es decir, don Miguel de Unamuno vino a descansar y a hacer un poco de turismo por "la roqueta" como él la llama, pues así había oído nombrar a la isla a los lugareños. Continúa narrando una excursión a Manacor y cómo ve a sus gentes:
" ¡Hermosa tierra para envejecer despacio!; y es de hecho la parte de España, esta España insular, en que a más altas edades se llega. Es donde más viejos sanos y bien conservados se ve. Anteayer, día de Corpus, estuve un rato contemplando en la plaza de esta ciudad de Manacor a un grupo de ancianos que, sentados frente a un café, esperaban el paso de la procesión. Y era algo para apegarle a uno a la vida que pasa, a la vida de todos los días, a una vida pacífica, y, por decirlo así, insular, la visión de aquel pequeño senado de ancianos que esperaban lo que durante tantos años han visto y siempre igual. Porque esa procesión es la misma de que formaron parte, acaso llevando en andas uno de los pequeños santos -las imágenes son muy pequeñas- hace cuarenta o cincuenta o más años."
Don Miguel visita las cuevas del Drach y queda extasiado ante la belleza subterránea:
"Aquel maravilloso laberinto subterráneo de fantásticas salas con artesonados de estalactitas y pavimento de estalagmitas, que a las veces, juntándose, forman caprichosas columnas, en que el juego de las concentraciones calcáreas finge monstruos que trepan por la fusta."...
"Pero lo extraordinario de las cuevas del Drach son las aguas subterráneas, las aguas tenebrosas y quietas que allí dentro descansan. Es tal su quietud y su transparencia que no se las ve. El guía tiene que advertiros de que no deis un paso en tal dirección si no queréis meter el pie en el agua, y aun advertido uno se hace imposible descubrir la línea de la sobrehaz donde toca las piedras...
Sólo de tarde en tarde una gota desprendida de alguna estalactita rompe levemente la quietud del agua y el silencio absoluto de aquellas tinieblas. La gota de agua cargada de cal que cae del techo, atraviesa el agua muerta e inmóvil y va a depositarse bajo de ella, en la estalagmita que desde hace siglos aguarda fundirse un día, en columna, con su compañera."

Mas las descripciones más bellas, de la naturaleza que encuentra a su paso por la isla Unamuno, son las que hacen referencia a los
olivos de la sierra de Tramontana:
"Aquel olivo que lleva su copa como una enorme cornamenta enramada y se tiene en el suelo con sus cuatro patas; aquel olivo como un monstruo paleontológico, ¿es que se agarra a la roca o es que quiere desprenderse de ella?
Esos olivos han vivido, y como todo lo que ha vivido y no sólo vegetado, tienen su historia. Y como todo lo que ha vivido y tiene historia son yos, son personas, cada una de ellas con su fisonomía, con su carácter, con su alma. Ancianos ermitaños cobran esos olivos toda su alma como los hombres la cobran, cuando las arrugas les surcan la frente, cuando las mejillas se les retuercen, cuando las barbas les blanquean, cuando tiene cada uno sus pliegues...
y habla de los almendros...
Junto a Santa María, en el llano de esa roqueta de Mallorca, vi un almendro que es para el arboricultor una maravilla. Están los almendros en correctísima formación, como un regimiento bien instruido y disciplinado, guardando escrupulosamente la fila. Y son todos iguales, exactamente iguales, aquellos reclutas de la arboricultura. Cada uno con sus tres grandes ramas; todos bien esponjados para que el sol llene sus copas. Puesto uno en una fila y enfilándolos con la mirada sólo ve al primero, que cubre por entero a los demás de la fila."

Esta tarde cuando el sol caía en la quietud de los campos de Manacor, viendo los almendros, me acordé de Unamuno...lo imaginé descubriendo este paisaje y captándolo con su pluma. No hace mucho, un siglo apenas, él anduvo también por aquí.