lunes, 16 de febrero de 2009

Rubén Darío en Mallorca





Fueron dos las visitas que realizó Rubén Darío(1867-1916,Nicaragua) a Mallorca buscando reposo. La primera visita tuvo lugar en los meses de invierno de 1906-1907, hospedándose en el legendario barrio de "el Terreno" en la ciudad de Palma, con el pinar de Bellver a sus espaldas y la bahía al frente, como el describe en sus memorias. En 1913 repite visita a Mallorca, esta vez para alojarse en la Cartuja de Valldemosa. No fueron especialmente largas sus estancias en la isla y sin embargo trascendieron notablemente en la vida literaria del poeta. Dedicó hermosos versos a la bahía de Palma con sus barquitas resplandecientes al sol y su regia Catedral custodiando la bahía; amigo, según cuentan, de los paseos por el Borne, observando a la sociedad mallorquina de principios del siglo XX. Un nicaragüense cautivado por el Mediterráneo...


Vesper

Quietud, quietud... Ya la ciudad de oro
ha entrado en el misterio de la tarde.
La catedral es un gran relicario.
La bahía unifica sus cristales
en un azul de arcaicas mayúsculas
de los antifonarios y misales.
Las barcas pescadoras estilizan
el blancor de sus velas triangulares
y como un eco que dijera: «Ulises»,
junta alientos de flores y de sales.


A pesar de que sus visitas tenían como objeto el descanso, nada más tocar tierra se apoderó de él una frenética creatividad.

Durante su estancia en Valldemosa escribe la obra Oro de Mallorca, narrando en ella su travesía en el barco y las impresiones que le produjo la Cartuja, marcadas en todo momento por el recuerdo de Chopin.

Retrató el esplendor del paisaje mallorquín y describió con gran precisión las escenas del día a día de la ciudad de Palma y sus habitantes.


Hay un mar tan azul como el Partenopeo.

Y el azul celestial, vasto como un deseo,

su techo cristalino bruñe con sol de oro.

Aquí todo es alegre, fino, sano y sonoro.

Barcas de pescadores sobre la mar tranquila

descubro desde la terraza de mi villa,

que se alza entre las flores de su jardín fragante,

con un monte detrás y con la mar delante.

A veces me dirijo al mercado,

que está en la Plaza Mayor.

Me rozo con un núcleo crespo de muchedumbre

que viene por la carne, la fruta y la legumbre.

Las mallorquinas usan una modesta falda,

pañuelo en la cabeza y la trenza a la espalda.

Esto, las que yo he visto, al pasar, por supuesto.

Y las que no la lleven no se enojen por esto.

He visto unas payesas con sus negros corpiños,

con cuerpos de odaliscas y con ojos de niños;

y un velo que les cae por la espalda y el cuello,

dejando al aire libre lo obscuro del cabello.

Sobre la falda clara, un delantal vistoso.

Y saludan con un bon dia tengui gracioso,

entre los cestos llenos de patatas y coles,

pimientos de corales, tomates de arreboles,

sonrosadas cebollas, melones y sandías,

que hablan de las Arabias y las Andalucías.

Calabazas y nabos para ofrecer asuntos

a Madame Noailles y Francis Jammes juntos.

(fragmento de la Epístola A la señora de Leopoldo Lugones)




3 comentarios:

  1. Καλησπέρα, Κούκλα!
    Τι κάνεις;

    Desconocía por completo las estancias de Rubén Darío en Mallorca. También he leído por primera vez esos poemas maravillosos que le inspiraron la isla, su paisaje y sus gentes.
    Gracias por descubrirnos esta faceta del gran poeta nicaragüense.

    Tengo pendiente conocer Mallorca. ¡Y se me está pasando el arroz! Y estoy seguro de que cuando conozca la isla, ésta me inspirará alguna prosa o algún poemilla que dejar escritos en mi cuaderno de viajes.

    Me encantó volver a leerte ;)

    Un abrazo,

    N.E.

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  2. ¡Ah! Preciosas las ilustraciones.

    Τα λέμε!

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  3. Γεια σου Νίκο
    He estado un poco liada las últimas semanas y no he tenido mucho tiempo para poner algo en el blog, ni para nada de nada...
    Seguiré poniendo temas mallorquines y así, si algún día te decides a cruzar "el charco" :-) pues estarás enterado de muchas cosas. Las ilustraciones son del catalán Coll Bardolet, que por cierto,también estuvo alojado en la Cartuja de Valldemossa.

    τα λέμε

    María

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